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-- CONCIERTOS

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Auditorio Manuel de Falla
Capella de Ministers CDM

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Domingo, 23 de mayo de 2021

18 horas
AUDITORIO MANUEL DE FALLA
11.50 €

Venta de entradas


Programa
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LA RUTA DE LA SEDA
Oriente y el Mediterráneo
CAPELLA DE MINISTRERS
CARLES MAGRANER
Carles Magraner, viella, rabel & violas
Jota Martínez, zanfoña, organistrum, lavta, cítola, sitar & bulgarí
Robert Cases, arpa, laúd medieval, & vihuela de péñola
Eduard Navarro, guan zi, düdük, chirimías, chalumeau & cornamusa
Kaveh Sarvarian, nay persa & tombak (Persia)
Aziz Samsaoui, ud, qanun & zaz çura (Marruecos)
Pau Ballester, percusiones
con las voces de
Elia Casanova, Iman Kandoussi

Intérpretes
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LA MÚSICA EN LA RUTA DE LA SEDA
Carles Magraner
La Ruta de la Seda es uno de los logros más significativos de la historia de las civilizaciones. Por la gran Ruta de la Seda no solamente circulaban las caravanas comerciales, también las culturas de los pueblos, los valores espirituales, las ideas religiosas. La seda ha sido una de las vías en torno a la cual ha girado la relación entre los pueblos de Oriente y Occidente, y a través de la seda se ha producido una comunicación tecnológica, económica, artística y cultural entre áreas geográficas muy alejadas, convirtiéndose en un camino de transmisión de saberes, de intercambio de culturas y de costumbres.
Nos ha construido también a nosotros, haciéndonos más conscientes de nuestro pasado pluricultural, del que también el islam formó parte con aportaciones fundamentales, de entre las cuales hay que destacar la introducción de la industria de la seda en el continente europeo.
Recrear este viaje musical por la Ruta de la Seda es una tarea apasionante que solamente se puede realizar desde la humildad que promueve tanta grandeza y diversidad musical. Más de 7.000 kilómetros de culturas, músicas y tradiciones, desde la capital china de Xi’an, en su extremo oriental, hasta el Mediterráneo y Valencia, ciudad de la Llotja de la Seda. El viaje de la diversidad cultural, que se convierte en historia de la tradición musical de la humanidad, empieza en el país de
la seda, Serinda, hasta el Extremo Oriente, Constantinopla, capital del Imperio Bizantino. Desde la ciudad china al lado del desierto de Taklamkan, nos adentramos por el Karakórum en la cultura india para después abrir las puertas al Imperio Persa, en el Oriente Medio, entre la frontera de la India y Constantinopla hasta Italia, tomando el camino de regreso de Occidente a Oriente con el viaje de Marco Polo por las grandes ciudades de la seda en el siglo XIII. Después el Norte de África.
El último eslabón de este recorrido lo encontramos en la parte más occidental de la Ruta de la Seda, la ciudad de Valencia y su Art de Velluters que, arrastrando la tradición oriental hacia el Mediterráneo, recoge las influencias de la diversidad de la música del Mare Nostrum.
La complejidad de las influencias mutuas entre estas civilizaciones se convierte en su propia riqueza, un valor que proporciona a nuestra época un singular marco para promover el diálogo entre Oriente y Occidente y la aceptación de las identidades plurales, idea fundamental para facilitar la comunicación y el intercambio de experiencias entre los pueblos. Es este un viaje musical a través de los territorios de la Ruta de la Seda, más allá de las fronteras. Una experiencia única para compartir esta herencia común, rescatando el pasado para ser traído al presente, desde la música como lenguaje universal.
La Ruta de la Seda Capella de Ministrers · 
 Carles Magraner
LA RUTA DE LA SEDA EN EL MEDITERRÁNEO DIÁLOGO DE CULTURAS ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE
Germán Navarro Espinach
La “Ruta de la Seda” es un concepto creado por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen (1833-1905) en su libro China, publicado en Berlín en 1877, para definir toda una red de caminos que desde el siglo II a. C. atravesaron Eurasia con el comercio de sedas y otros productos desde Oriente hacia Occidente. Los primeros datos históricos de producción de seda al extremo oriental nos trasladan al año 2750 a. C., aunque hasta el siglo I a.C. estas lujosas manufacturas no
llegaron al Mediterráneo dominado entonces por el Imperio Romano. Su origen era un país llamado Serinda o la tierra de los Seres, como escribirán autores posteriores, del siglo VI d. C. – Isidoro de Sevilla, Procopio de Cesarea o Teófano, por ejemplo. A pesar de esto, una de las descripciones más antiguas de estas rutas la dio Ptolomeo ya en el siglo II, aunque hasta el siglo V no se documentará la producción sedera en las tierras del Mediterráneo, teniendo como centro
principal la corte suntuaria de Constantinopla, capital del Imperio Bizantino.
Después de la conquista de Persia por el islam a mediados del siglo VII estas rutas milenarias estuvieron bajo control de los musulmanes, los cuales difundieron el arte de la seda hacia el Mediterráneo occidental, sobre todo Sicilia y la Península Ibérica. De hecho, al-Ándalus fue la primera región europea donde se encuentra la cría de los gusanos de seda y la fabricación de tejidos por iniciativa del soberanos omeyas. Curiosamente, después de las conquistas cristianas frente al islam peninsular, los monarcas occidentales protegieron a los sederos mudéjares y judíos para que continuaran trabajando en sus reinos, produciendo tejidos incluso para la liturgia católica como patentizan los trapos funerarios de las tumbas de los reyes de Castilla y León en el monasterio de Las Huelgas en Burgos o algunos sepulcros de obispos en Cataluña. Desde entonces las monarquías, la Iglesia, la nobleza feudal y la burguesía de las ciudades y villas del Mediterráneo occidental
hicieron uso de los tejidos de seda como símbolo de prestigio y distinción social durante toda la Edad Media, como ya habían hecho los soberanos omeyas a imitación de la corte de Bizancio, seguidora al mismo tiempo de los lujos y ornamentos sederos de las más lejanas cortes del mundo oriental.
No conocemos ninguna crónica que pueda describir las rutas de la seda antes del siglo XIII, época de las grandes embajadas de los papas y de los reyes cristianos al Imperio Mongol. De esta época destacan entre otras las narraciones de Marco Polo (1254-1324), que viajó a China entre 1271 y 1295. Al respeto, los mercaderes de las grandes ciudades norteñas de Italia (venecianos y genoveses sobre todo) comerciaron directamente con Constantinopla para importar el arte de la seda a sus
repúblicas, empezando a producir trapos lujosos para vestir de tipología totalmente nueva, es decir, terciopelos, satenes, damascos, brocados, etc. Los países de la Corona de Aragón, encabezados por la ciudad de Valencia, recibieron centenares de artesanos italianos que transfirieron la producción de terciopelos y otros trapos a sus sederías urbanas de tradición musulmana y judía. El Arte de los Velluters de Valencia disfrutó en 1479 de un privilegio fundacional del propio rey Fernando II de
Aragón, más tarde conocido como Fernando el Católico, para monopolizar la producción de terciopelos de seda a la capital, con la consideración de verdadero “arte” para el oficio más allá de su carácter artesanal y mecánico.
Mientras tanto, la llegada al poder de la dinastía Ming en China hizo que las antiguas rutas terrestres empezaran a ser poco frecuentadas por la enemistad de los nuevos soberanos Ming con el mundo cristiano occidental, dando a la preferencia por las vías marítimas para la exportación de sedas, ante la inseguridad de los caminos por tierra. Incluso, a mediados del siglo XVI los galeones La Ruta de la Seda Capella de Ministrers · Carles Magraner de Manila traían la seda china cruzando el océano Pacífico hacia América regularmente, cargándose para los viajes de vuelta con la plata americana. El Pacífico fue así un océano de seda y plata en la época moderna proyectando la milenaria Ruta de la Seda hacia los puertos del América colonial para vestir las cortes virreinales y las élites sociales del nuevo continente.
En consecuencia, desde hace muchos siglos el Mediterráneo ha recogido y reinterpretado la milenaria tradición sedera de Oriente. Ya en 1987 la UNESCO inició un proyecto integral para el análisis de las rutas de la seda como rutas del diálogo, con el objetivo de promover el estudio de la seda como vía transmisora de conocimientos, formas de vida, de pensamiento y de arte en todas sus manifestaciones entre Oriente y Occidente a nivel mundial, en un tipo de revisión de la historia planetaria mediante la transversalidad de la seda. También el Consejo de Europa se añadió a la iniciativa defendiendo la idea de las rutas de la seda como itinerarios culturales por excelencia, con el objetivo de recuperar un patrimonio migrante europeo no sólo artesanal o comercial sino también etnográfico, literario y, por supuesto, musical, como por ejemplo aquí se quiere arreciar con las expresiones musicales existentes a lo largo de las rutas de la seda desde el Extremo Oriente al Mediterráneo.
Desde 2016, la proclamación de la ciudad de Valencia como capital internacional de la seda por parte de UNESCO –con su Lonja de mercaderes, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad, y el nuevo Museo del Colegio del Arte Mayor de la Seda– es ocasión para ampliar más la tarea de investigación y divulgación empezada hace veinte años. La sensibilidad y la fuerza de esta bella investigación de musicología, desarrollada por Carles Magraner, constituye sin duda una aportación
capital para el redescubrimiento de la profundidad que tuvo el diálogo de culturas vivido al corazón de la Ruta de la Seda, del cual todavía falta mucho por conocer desde la historia, desde la música o desde otras ramas de la realidad humana.