Auditorio Manuel de Falla
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Auditorio Manuel de Falla
Trío Intémpore
Piano con Sabor

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Domingo, 27 de enero de 2019

12 horas
SALA DE CÁMARA B
6 € + gg

Programa
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A. Arensky (1861 – 1906) 
  
Trío  op. 32 en Re m
    Allegro moderato
    Scherzo (Allegro molto)
    Elegía (Adagío)
    Finale (Allegro non troppo)
 
 D. Schostakovich  (1906 – 1975)

 Trío op. 67 en Mi m 
    I. Andante - Moderato
    II. Allegro con brio
    III. Largo
    IV. Allegretto

Rubén Darío Reina, violín
Stamen Nikolov, violonchelo
Karina Azizova, piano

Intérpretes
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Rubén Darío Reina, Stamen Nilolov y Karina Azizova son los componentes de este trío internacional por excelencia. Sus integrantes proceden de Colombia, Bulgaria y Rusia. Reunidos en Madrid y formados en escuelas tan prestigiosas como el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, Academia Nacional de Música P. Vladigerov de Bulgaria y Escuela Superior Reina Sofía de Madrid, constituyen un conjunto de amplias posibilidades estilísticas cuyo repertorio abarca desde el clasicismo de Mozart y Haydn, hasta las corrientes más vanguardistas de la música actual.   El compositor cubano Leo Brouwer, después de escuchar la interpretación de su obra Manuscrito antiguo encontrado en una Botella, escribiría: “…No sólo desplegaron una cultura del sonido y comprensión de la obra – la calidad técnica y el oficio no necesitan elogio – sino que percibí un disfrute artístico cada vez más raro en los profesionales”.  El compositor español Hugo Fernández Languasco les ha dedicado su obra “Trío para un Otoño”.   El éxito obtenido en actuaciones realizadas en el Palacio de Congresos de Madrid, Fundación Juan March, Auditorio de Galicia, Auditorio Nacional de Música de Madrid y Teatro Monumental, entre otros, así como grabaciones para Radio Nacional de España, han hecho del Trío Intémpore un ensamble de referencia dentro del panorama musical español. Recientemente, ha grabado para el sello IBS Classical un doble CD que incluye los más grandes tríos del romanticismo y siglo XX ruso.

Comentario
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Este concierto nos habla del dolor, de la respuesta de dos compositores ante la pérdida; el reflejo de su aflicción en los fragmentos elegíacos que ambos escriben como tributo a grandes personas.
El programa que hoy se presenta se estructura en torno a dos elementos fundamentales: un par de compositores de misma nacionalidad -rusos- y muy distinto estilo, Anton Arensky y Dmitri D. Shostakovich; y el trío con piano, una de las formaciones que, junto al cuarteto de cuerda, reúne las composiciones más excepcionales dentro de la música de cámara tradicional.
La obra que da inicio al programa fue escrita en el año 1894 por Anton Arensky (1861-1906), compositor a quien un extenso sector de la historiografía musical reprocha rehusar tener un estilo propio, hecho que propició el largo olvido de su música. A pesar de que una parte tenga esta creencia, también está extendida la idea de que, influenciado a lo largo de toda su carrera por músicos de la talla de P.I. Tchaikovsky (1840-1893) y su propio maestro Rimsky-Korsakov (1844-1908), supo aprovechar lo mejor de cada uno de ellos e integrarlo a su música de una forma muy íntima y personal. Así pues y habiendo creado un gran legado musical, compositores como A. N. Skriabin (1872-1915) o S.V. Rachmaninov (1873-1943) acudieron a su encuentro y se formaron junto a él.
Constituido por cuatro movimientos, el “Trío op. 32 en Re m” comienza con una melancólica melodía que pasa del violín al violonchelo antes de ser interpretada a dúo por ambos instrumentos. Es común entre los estudiosos describir este tema como un retrato del carácter de Karl Y. Davydov (1777-1825), bautizado por el propio Tchaikovsky como el zar de los violonchelistas, en cuya memoria escribió Arensky la obra.  Una pequeña transición, mucho más danzable, da paso a un segundo tema dramático y caprichoso, anunciado por el chelo con el piano al frente. Tras una repetición, que imbuye al oyente en este clímax, se precipitan un breve desarrollo y una reexposición a gran escala mucho más pausada que nos va acercando al corazón de la obra. Un scherzo en forma de vals, muy contrastante con la sección anterior y caracterizado por la ornamentación y las precipitadas escalas descendentes del piano, abre paso al centro de la composición, la elegía. Este tercer movimiento, adagio, con el chelo y el violín intercambiando la melodía principal sobre los acordes del piano, crean un ambiente de dolor y ensueño que solo se disipa ante la brillantez y la claridad de un nuevo tema. Este último será el material que domine la parte central del movimiento, hasta que el tema elegíaco sea retomado como culminación. El finale llega enérgico, explosivo, lleno de impulso rítmico para dar ligereza a este movimiento, que funciona como ritornello o recuerdo de los anteriores. El último tema, que conduce a la coda, se repite insistente llevando la obra a una conclusión emocionante.
La segunda pieza que integra el concierto, el “Trío op. 67 en Mi m” de Dmitri D. Shostakovich (1906-1975) fue finalizada en la primavera de 1944 y concebida en el seno de la tragedia nacional y personal. “No puedo expresar con palabras todo el dolor que sentí cuando recibí la noticia sobre la muerte de Ivan Ivanovich. Él era mi más querido amigo. A él debo toda mi educación.” Estas palabras escribía el compositor a la viuda de Igor I. Sollertinsky (1902-1944), polímata, muy querido por Shostakovich, cuya muerte llegó prematuramente durante la Segunda Guerra Mundial. La otra tragedia que motivó esta elegía fue la noticia de la persecución, el exterminio y el antisemitismo que promovía el partido nazi; la estela de muerte que dejaban a su paso conmovió profundamente a un hombre que, a pesar de no ser judío, siempre consideró a este pueblo uno de los más injustamente desfavorecidos a lo largo de la historia.
Así pues el primer movimiento de la obra lo abre el violín en uno de sus registros más agudos, seguido en primer lugar por el violonchelo y más tarde por el piano en entrada fugada, con registros respectivamente más graves. Este canon da paso a una forma sonata que se convierte en la parte central de la primera sección. Las melodías que se desarrollan en el moderato pasan de unos instrumentos a otros, siempre con una delicadeza especial sobre piano para evitar que este domine a las cuerdas en semejantes pasajes. El segundo movimiento, allegro con brio, es altamente irónico, pues toma el esquema y las convenciones del scherzo tradicional y lo somete a todo tipo de discordancias y repeticiones obsesivas. Aquí el violín y el violonchelo parecen actuar unidos haciendo frente al ataque de un piano mucho más agresivo del que hasta ahora se ha escuchado. El ambiente de agitación que aquí se había construido, queda completamente devastado al inicio del tercer movimiento, largo, un passacaglia basado en series de ocho acordes que el piano, de vuelta a su registro más grave, conforma como base armónica del conjunto. Sobre este, violín y violonchelo interpretan lo que sin duda constituye la parte más sombría de la obra. El cuarto movimiento, el allegretto, es comúnmente conocido como el movimiento judío. Se trata de una danza macabra donde pasajes caracterizados por el continuo pizzicato de los violines, acompañado de melodías y armonías con evidentes tintes de la música tradicional de este pueblo -la música klezmer-, se transforman grotescamente hasta mostrar la imagen misma de la devastación. Signo de la gran acogida que tuvieron la obra, y en concreto este último movimiento, es que ya el 14 de noviembre de 1944, noche del estreno, tuvo que ser repetido por petición unísona de la audiencia.

El concierto de hoy es muestra de la sofisticación y eficacia discursiva de dos excelentes compositores que supieron plasmar en sus obras sentimientos tan universales como los que, gracias a unos artistas tan reconocidos como el Trío Intémpore, podremos disfrutar a lo largo de esta mañana.

M.Paz F. Guerrero

 
 
           
           
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